Luiza Gualán

Luiza Gualán

LUIZA  UBLDINA GUALÁN CONTENTO

Del Pueblo Kichwa Saraguro.  Comunidad Ñamarin, de la Parroquia y cantón Saraguro,  Provincia de Loja; lugar desde donde reexisten en resistencia colectiva.

La participación en las movilizaciones es independiente y en colectividad desde el Movimiento Indígena Nacional.

Mi participación en el levantamiento ha sido como comunera, pertenezco a la comunidad Indígena Ñamarín de la parroquia y cantón Saraguro.

Aquí en Saraguro siempre están atentas las dos organizaciones sociales: la Corpukis filial de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), y la Federación Interprovincial de Indígenas Saraguros (FIIS), filial de la Federación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras (FENOCIN). 

«Nos juntamos de todos lados, comunidades indígenas y no indígenas, sin diferencias organizativas, políticas, ni religiosas, eso es lo que fortalece los levantamientos; eso pasa siempre cuando todos luchamos por el bienestar de todos»

“Las mujeres somos el motor fundamental en las luchas sociales, desde el lugar donde nos encontremos,  si nos quedamos en casa, sostenemos la alimentación, la economía, la producción, las wawas, la escuela; la dinámica de la casa no puede parar mientras nuestros maridos están en la lucha o son dirigentes”.

Nos juntamos de todos lados, comunidades indígenas y no indígenas, sin diferencias organizativas, políticas, ni religiosas, eso es lo que fortalece los levantamientos; eso pasa siempre cuando todos luchamos por el bienestar de todos; nos levantamos toda la gente de todas la edades, mujeres, hombres, jóvenes, adultos, niños y personas mayores. En nuestras comunidades indígenas a las personas mayores se les considera líderes durante toda su vida, por eso cuando los mayores están juntos, están dando acuerdos, de esa forma toda la comunidad se siente apoyada y protegida.

Durante el mes de octubre se hicieron dos frentes en el centro urbano de Saraguro: uno en la panamericana a la salida a Loja, sector San Vicente, y otra, en el puente Sininkapa, salida a Cuenca; dos puntos estratégicos e históricos donde nos reunimos y hacemos manifestaciones y paros siempre.

En las noticias se dijo que Saraguro salió en marcha pacífica. Pero lo que en realidad pasó, es que esta vez no hubo presencia militar; en 2015 si hubo enfrentamientos y persecución a líderes, porque defendíamos principalmente las escuelas comunitarias, no a las escuelas del Milenio, justicia indígena, no al decreto 016, no a la minería y otros aspectos coyunturales de injusticia, en este octubre estábamos preparados en caso de haber enfrentamientos.

Desde mi participación creo que las mujeres somos el motor fundamental en las luchas sociales, desde el lugar donde nos encontremos, si nos quedamos en casa, sostenemos la alimentación, la economía, la producción, las wawas, la escuela; la dinámica de la casa no puede parar mientras nuestros maridos están en la lucha o son dirigentes; así también fue en octubre.

Cuando los esposos salen a las manifestaciones, cuando van a la vigilia al filo de la carretera, nunca sus manos descansan, están con un tejido, con su wango, o apoyando en la cocina, siempre haciendo algo, y aportando con ideas y sugerencias, en busca de mejores estrategias.

Yo estuve apoyando de diferentes formas, en la cocina, en las marchas, dirigiendo la ceremonia y ritual de acompañamiento comunitario.

Las cooperativas de transporte comunitario aportaron trayendo la gente, yendo a dejar a que descansen en sus casas y relevando a las otras personas.

En la cocina nos encontramos las mujeres entre risas, conversaciones y tareas, sentimos como si fuera nuestra propia casa; limpiando habas, trayendo leña, pelando los animales, fueron momentos lindos de la lucha y casi siempre teníamos para alimentar a todos. Aunque si hubo dos momentos donde faltó algo de comida.

“Estar en la lucha, no es solo estar peleando y sufriendo, en la dinámica comunitaria, es hacer música, danza, juegos, compartir la comida, toda nuestra convivencia es resistencia”.

Los jóvenes hicieron canchas de vóley en la carretera, jugaban entre comunidades.

Estar en la lucha, no es solo estar peleando y sufriendo, en la dinámica comunitaria, es hacer música, danza, juegos, compartir la comida, toda nuestra convivencia es resistencia. 

Y las mujeres siempre con su wango, hilando con sus guaguas; había participación de todas las edades, y estábamos todo el día al filo de la carretera, esperando a ver qué pasaba en la ciudad de Quito y ver cómo se iban a resolver las cosas, todos atentos a las últimas noticias, y acompañando al círculo del fuego con rezos de energía para nuestros hermanos.

“los primeros días estuve de lejitos (…) Al día siguiente llegué más cerca, y el tercer día ya estaba ahí en la cocina, pensando si nos alcanzaba la olla de sopa, como organizar el círculo de acompañamiento energético, como coordinar con otras mujeres para las marchas; (…) los militares ya no eran una preocupación”

Yo no participaba muy activamente en las manifestaciones y luchas sociales, porque mi esposo era subcoordinador de movimientos sociales, y alguien debe quedarse en casa. 

Esta vez decidí acompañar a la comunidad y juntos, con mi esposo e hijas, fuimos a acompañar; al principio sentí miedo, por mi estado de salud, en caso de haber enfrentamientos o lanzan gases me hubiera sido difícil escapar porque tengo problemas con mis pulmones. Entonces, los primeros días estuve de lejitos, siguiendo las noticias, y por lo que decían los compañeros. Al día siguiente llegué más cerca, y el tercer día ya estaba ahí en la cocina, pensando si nos alcanzaba la olla de sopa, como organizar el círculo de acompañamiento energético, como coordinar con otras mujeres para las marchas, etc; de los gases ya me había olvidado, los militares ya no eran una preocupación.

“Recuerdo que con mi familia en el día sembrábamos maíz y por la noche acompañábamos en la lucha, porque si no sembramos las primeras semanas de Octubre, no tendremos alimentación todo el año.  Este año cosechamos bastante maíz y ahora estamos convidando semilla para mucha gente que no sembró por estar en el paro… pareciera que la tierra nos premió por la lucha”.

Recuerdo que con mi familia en el día sembramos maíz y por la noche acompañábamos en la lucha, porque si no sembramos las primeras semanas de Octubre, no tendremos alimentación todo el año.

Y VERTIERON SU SANGRE POR TI

Con grito de esperanza

Sin miedo a la muerte

De capa lleva el poncho, reboso y fachalina

De escudo el corazón.

De kukayu, la flauta, zampoña y tambor.

De tanto dolor ya no siente

Sigue las huellas ancestrales

De lucha y resistencia

Mientras el poder ambicioso oprime

A unos perdona millones

Y a otros les niegan la vida

Una parte de mí cae en pedazos

En eta  Tierra herida

Con la mujer, con la madre, con la hija

De hermanos asesinados,

Que ha causado la agresión de este gobierno.

Llora la tierra herida, 

llora la patria grande

Montañas, planicies y parques

Testigos de sanguinaria tragedia

Mientras los medios callan y ocultan la realidad.

Este año cosechamos bastante maíz y ahora estamos convidando semilla para mucha gente que no sembró por estar activamente a tiempo completo en la lucha, pareciera que la tierra nos premió por luchar.

El las movilizaciones, desde los sectores orientales del cantón Saraguro, me han considerado como Yachak Mama, labor con la que he aportado siempre, acompañando con la dirigencia del círculo del ceremonial de acompañamiento comunitario, en equipo con otras mujeres.

Desde Saraguro, algunos salieron a Quito y la gran mayoría nos reunimos en estos puntos estratégicos, nos manteníamos en constante vigilancia, sin embargo, cuando la lucha se inicia las tareas se reparten entre todas para sostenernos.

En Saraguro estamos en varias comunidades donde respetamos mucho los ecumenismos, aquí hay 3 o 4 creencias religiosas, todos podemos participar de los rituales, esto también apareció en este paro. 

Hicimos una misa campal en los puntos de encuentro, en nuestro círculo ceremonial del fuego simbólicamente ubicamos un ataúd donde pusimos papelitos que decían lo que queríamos enterrar de este sistema, y los velamos por varias noches. La razón y la resignación de toda la injustica, la opresión, la indiferencia, toda esta realidad injusta que vivimos. Todo eso fuimos depositando y el día que íbamos a alzar la marcha enterramos este ataúd en una procesión enorme. Enterramos el ataúd al filo de la vía, al pie de un letrero y al pie de una peña, nuestro lugar histórico. Como si fuéramos a enterrar a alguien con cantos, con música, con bombos y guitarras.

Todo el tiempo estábamos pendientes de las noticias dolorosas que nuestros hermanos estaban pasando en la capital, me indignaba tanto y es más, cuando las mujeres fueron juzgadas como irresponsables por llevar sus hijos a la lucha, sin entender que esa era la única forma de sobrevivencia de madre e hijos y que justamente por eso estaban en las calles, me indignó de rabia, y escribí algo dedicado a esos juzgadores.

Aquí la vuelvo a revivir con indignación y coraje:

LA CUNA DE ORO

A ti, que te criaron en cunas (Jaulas Para bebés), no entenderás porqué cargo a mi hijo a la espalda y lo llevo conmigo al frente del combate.

Lo cargo a mi espalda con su cabeza junto a mi corazón, arrullo y canto mientras nuestros latidos se funden juntos en uno, porque con una mano lucho y con la otra, abrazo. 

¿Crees que no duele llorar juntos ante esta opresión injusta? Duele el alma al limpiarle las lágrimas y las mías, y, mientras camino me encuentro con historias similares de otras madres y así, juntas convertimos el miedo en indignación, y la indignación en protesta. 

No culpo tu impresión y comentario, solo que la gran diferencia está en la desigualdad de oportunidades, simplemente tuvimos el privilegio de nacer en lugares diferentes tú y yo.

“Cuando la lucha inicia las tareas se reparten entre todas para sostenernos”

“En nuestro circulo del fuego, simbólicamente colocamos un ataúd, donde pusimos papelitos que decían lo que queríamos enterrar de este sistema.  La razón y la resignación de toda la injustica, la opresión, la indiferencia … el día que íbamos a alzar la marcha enterramos este ataúd en una procesión enorme. Enterramos el ataúd al filo de la vía, al pie de un letrero y al pie de una peña, nuestro lugar histórico.  Como si fuéramos a enterrar a alguien con cantos, con música, con bombos y guitarras”.

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