Manifiesto: 8 de marzo

Manifiesto: 8 de marzo

Entre mares, paramos y selvas, damos vida, damos cuidado y damos protección, porque así somos las mujeres luchadoras y sobre todo, las madres trabajadoras. Y hoy, como hilos de un telar, nos unimos para que nuestra voz sea potente y llegue claro y directo a los oídos atascados, que por décadas han minimizando nuestro trabajo y accionar dentro del contexto de nuestro país. Nos expresamos porque somos verdaderas guerreras de a pie, de a puntada, de amanecidas, de a pico y pala, de a uñas y dientes, de a madre corazón; con la piel de un sólo color, el color de la fuerza y el orgullo de ser defensoras de nuestra Madre mayor, la Tierra, a quién igual que a nosotras, pretenden reducir a objeto.

Juntas y organizadas no seremos más invisibilizadas, y por ello estamos aquí, para reescribir la historia desde una visión más justa, donde se valore nuestro accionar, sin el cual no se hubiesen sostenido en el tiempo, procesos de transformación, ni revoluciones, y en nombre de nuestros sacrificios, poder exigir lo que, por derecho, históricamente nos hemos ganado: respeto, participación, seguridad, equidad, educación, salud, arte, dignidad y transparencia en todos los comicios electorales. Posicionándonos contra un estado corrupto que toma decisiones en base a intereses políticos y coyunturales. Porque el CNE no respetó la decisión de una gran mayoría que quiere una tercera alternativa popular y vinculada al cuidado. Por lo que, como mujeres dejamos por sentado que no nos rendiremos nunca en nuestro propósito de seguir defendiendo y protegiendo nuestro preciado derecho de decidir sobre nuestros destinos.

Nos encontramos devastadas por la presencia de empresas extractivistas en nuestros diversos territorios, quienes solo buscan el beneficio de unos pocos, a costa del mal de muchos. Este y todos los días exigimos al estado, a los ministerios y a todas las instancias de derechos humanos y de la naturaleza, que actúen cuando nos discriminan, nos amenazan, nos golpean y nos asesinan. Hay mujeres en todo el mundo contra las cuales se comete femicidio, y que son vulneradas en sus hogares, en las chakras y en múltiples espacios. Y Para gritar No Me Callo, recordamos y rendimos tributo a las mujeres que como Berta Cáceres, Marielle Franco, Adelinda Gomez, Yolanda Maturana, Paula Rosero, y cientos más, asesinadas cobardemente por el hecho de ser mujeres, por el hecho de ser conquistadoras de sus derechos, por el hecho de ser poderosas, por el hecho de ser hijas del maíz.

Nosotras habitantes de estas tierras, demandamos que hemos sido penetradas sin licencia, sin consulta y sin estudio previo en los territorios. Y exigimos el reconocimiento de nuestro derecho propio a decidir sobre si concedemos o no, el permiso de pase, porque somos responsables del legado que compartamos con nuestros hijos. No somos mercancía a la que pueden utilizar y desechar, somos mujeres sanadoras, creadoras, defensoras y sobre todo poderosas, que nos vamos a parar frente a las empresas, y no permitiremos más que continúen violentando nuestros cuerpos y territorios.

El Estado, las empresas, nuestros lugares de trabajo y nuestros hogares, son instituciones que nos segregan y forman la estructura de opresión, por lo que con voluntad y decisión hoy nos posicionamos contra la violencia institucional, que nos marca una huella de rechazo como mujeres indígenas de la sierra, costa y amazonia que acudimos al centro de salud y vemos como somos discriminadas, porque la atención privilegiada que se recibe es según la clase económica o de acuerdo a la raza.

Frente a la emergencia sanitaria nos convertimos en sanadoras autónomas, sabedoras de los poderes mágicos de nuestras plantas, con las que cocinamos nuestras medicinas sagradas, que tomamos desde la raíz, aprovechando el tallo y hojas hasta la punta de la flor- Que actúan sanando no solo el cuerpo sino también el espíritu y la mente. Abrazadas contra la pandemia, en medio del abandono total por parte del estado quien, como garante del derecho al acceso universal de la salud, brilló por su ausencia.

Fuimos, somos y seremos Mujeres del Maíz, Mujeres del Mar, Mujeres de la Selva, Mujeres del Río, Mujeres de la Segua, Mujeres del Páramo, Mujeres de la Montaña, Mujeres de la Isla, Mujeres del Conchal, Mujeres del Bosque, Mujeres del Manglar, Mujeres del Cemento, Mujeres Migrantes, somos Mujeres.

Y hoy estamos aquí, de pie, unidas y diversas

Saramanta Warmikuna.

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