Patricia Verónica Túqueres Pichamba

Patricia Verónica Túqueres Pichamba

Mujer defensora
Organización de base: Unión de Comunidades Indígenas de Quichinche (UCINQUI) parte de la Federación de Indígenas y Campesinos de Imbabura (FICI)
Miembra de Acción Ecológica

OCTUBRE…
días de dolor, de tristeza, de desconsuelo, de lucha y perseverancia, como siempre se ha caracterizado el movimiento indígena.

“…simplemente, llegamos a exigir nuestra obligación y nuestro derecho a decirle a este gobierno: BASTA DE REPRIMIRNOS”


Cansados de la opresión, de la injusticia, del maltrato del gobierno, en resolución y luego de difundir en los pueblos y nacionalidades, parte de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) y sus adherentes, decide poner un alto a este gobierno machista y oligarca.
Mujeres, niños, jóvenes adultos, unos a pie, otros en autos particulares, en camionetas y camiones, otros con un poco más de apoyo en buses, empiezan a llegar al arbolito, zona histórica de reunión desde los tiempos de mama Dolores Cacuango.

Qué dolor estar ahí…  No nos enfrentamos con las mismas armas:  nosotros con manos y voz frente a un gobierno que usa armas, tanques y gases”


Y cuanta fue nuestra sorpresa cuando el gobierno, que dijo que teníamos el derecho a reclamar, nos esperaba con bombas, policías armados, tanques de guerra, caballos y perros amaestrados para atacarnos con balas, con insultos, forcejeos y asesinos a sueldo que se ensañaron tanto con nosotros que, simplemente, llegamos a exigir nuestra obligación y nuestro derecho a decirle a este gobierno: BASTA DE REPRIMIRNOS


Entre bombas, balas de salva y gases lacrimógenos, ladridos de perros y cabalgatas de caballos, se escuchaba el llanto de los niños, las mujeres pidiendo auxilio, los jóvenes enfrentándose a capa limpia a militares y policías totalmente camuflados.


Qué dolor estar ahí… cuando al frente de la asamblea nacional los militares que, supuestamente entraban al diálogo, cesaron las bombas, los niños corrían donde sus madres, unos para alimentarse con unas frutas, a tomar agüita o la colada que estaban brindando cuando, de la nada, vuelven a sonar bombas, y las mujeres y los niños asfixiados, tendidos en la calle de la asamblea, y uno sin poder hacer nada, porque no nos enfrentamos con las mismas armas: nosotros con manos y voz frente a un gobierno que usa armas, tanques y gases. 

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